Implicaciones socioeconómicas de ser un papá responsable

Esteban Delgado

@estebandelgadoq


Recientemente se conmemoró en República Dominicana el Día de los Padres, una fecha que da motivo para celebrar, juntarse en familia; pero también para lamentar por la partida de un papá ejemplar o por el resentimiento y tristeza ante uno que no ha estado presente.

Posiblemente esta sea la época en que la figura paterna ha de tener más preponderancia, en cuanto al hecho de que cada vez son más frecuentes los divorcios y, más aún, la maternidad en soltería, es decir, crece la cantidad de madres solteras. En esos aspectos destaca un elemento, la ausencia total o parcial del padre en el hogar.

Esa ausencia tiene implicaciones incalculables para la formación de los hijos. No solo por el aspecto económico, también sobre la posibilidad de forjar en esa niña o niño la seguridad de saberse guiado por alguien que inspire confianza, protección, educación y amor.

Pero también está el aspecto económico. Hoy día, tener, criar y formar un hijo tiene costos mucho más elevados que en el pasado y con desafíos más pronunciados, toda vez que las tentaciones de desvío en el camino son mayores.

Entonces, ¿qué implica -en este caso para un hombre- tener un hijo en términos socioeconómico? La respuesta se concentra primero en el tiempo que tarda la formación de un hijo hasta que tenga la condición y capacidad de ser un ente útil para la sociedad.

Sí. Eso viene a cuento, porque tener un hijo no es solo la satisfacción de decir que se tiene, la diversión de compartir con él mientras es niño, sino, la responsabilidad de educarlo, de costear su formación académica y luego, cuando es adulto, entregarlo a la sociedad como un ente productivo.

Eso, amigos lectores, tarda al menos 23 años. Veamos. Suponga que una dama, ya sea su esposa, novia, amante o amiga de ocasión, le manifiesta que está embarazada. De inicio, son nueve meses (casi un año) de gestación del bebé hasta que nace. En ese momento, usted, como futuro padre, debe estar presente directa o indirectamente, aunque no se trate de una convivencia en pareja.

Luego están los costos de manutención de ese niño durante sus primeros años, a lo que se agrega su entrada al “maternal” y luego a la escuela para su formación primaria y secundaria. Esa formación académica tarda 12 años; partiendo desde los cinco, se puede considerar que el muchacho se hará bachiller a los 17.

Es a esa edad, o tal vez a los 18, es cuando entrará a la universidad para cursar una carrera que puede tardar entre cuatro a cinco años, y su hijo o hija tendrá 22 a 23 años. En el momento de su graduación, o tal vez antes, habrá conseguido un empleo, mientras usted habrá terminado un ciclo de formación y acompañamiento de ese niño que ahora es adulto y entra a la sociedad como un ente productivo.

Desde ese punto de vista, hay que concluir que la edad más favorable para tener hijos puede ser entre los 25 y los 35 años, cuando usted tiene juventud, fuerza productiva y capacidad para dedicar tiempo y recursos a su crianza y formación. Cuando tenga los 23 años, usted tendrá entre 48 y 58 años, es decir, estará dentro de su ciclo productivo, antes de su edad de retiro.

En cambio, si usted embaraza a una dama a la edad de 55 años, para cuando su hijo tenga 23 y deba estar bien formado, usted tendría 78 años, es decir, tal vez hace varios años que está incapacitado para trabajar y mantenerlo de forma adecuada.

Imagine si ese embarazo usted lo provocó a los 65 años; cuando su hijo tenga 15 usted tendrá 80. ¿Con qué fuerza y dedicación va usted a darle la debida formación a un adolescente, que ahora le faltan los años más difíciles para formarse en juventud?

Puede ser que con una edad avanzada usted tenga un buen respaldo económico y se sienta fuerte y sano, pero es muy probable que el caso sea el de un hombre ya agotado por la edad y con quebrantos de salud, lo cual dificultaría esa extraordinaria responsabilidad de formar bien a un niño para convertirlo en un buen adulto.

Y todo eso es asumiendo que usted haya sido un padre presente. Si no fue así, el resultado es muchísimo peor, tanto como lo que estamos viendo a diario en muchos jóvenes perdidos en vicios, delincuencia y otras tragedias. Todos con un elemento en común: la falta de una responsable “figura paterna”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *